¿Perder para entender?

Se dice que hay que perder lo que tenemos para entender su valor

Esto es cierto en muchos casos pero no lo fue en el nuestro. Yo sí sabía la suerte que tenía de haberme encontrado con ella en el camino de la vida. Me sentía muy orgullosa de haber mantenido durante años la distinción de haber sido su mejor amiga.

Fueron años plenos, sin preocupaciones en los que todo estaba por hacer y en los que nos preguntábamos cual de los sueños que teníamos llegaría a materializarse.

Fuimos esas amigas del alma que compartían confidencias y esperanzas; hicimos viajes inolvidables que siempre planificaba yo y que ella inmortalizó en montones de carretes de fotos, ¡le encantaban las fotos! . Pensar en mi juventud y pensar en ella, en nosotras, es la misma cosa.

El devenir de la vida nos fue separando físicamente, ella permaneció en Madrid, yo preferí buscar otros lugares, ella cimentó grandes amistades en su entorno más cercano y lo mismo hice yo en el mío pero a pesar de ello nunca dejó de formar parte fundamental de mi vida, ocupaba un lugar que ahora está vacío y que así permanecerá siempre porque le pertenecía y nada, salvo su ausencia, podrá ocuparlo.

Es un hecho que todos los encuentros son fruto de la casualidad y yo era consciente de……………

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