Nuestra gran oportunidad

Benito estaba delante de su ordenador revisando su buzón de correo como hacía cada mañana y como cada mañana, desde hacía unas semanas, la lectura del correo y el trabajo en general se desarrollaba a medio gas ya que las miradas y los corazones de los más antiguos estaban pendientes de aquella puerta que se abría a intervalos irregulares engullendo a alguien que saldría minutos después demacrado, balbuceante, llorando a moco tendido a veces.

Todos los antiguos rodearían rápidamente al desafortunad@ y repetirían las misma fórmulas y palabras que habían establecido como idóneas, sin necesidad de haberlo acordado previamente y que el destinatari@ recibiría…

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