Dormir es vivir

Dormir bien es una especie de regalo que uno recibe del azar y que, los que como yo lo hemos recibido, deberíamos agradecer a cada momento.

Compadezco realmente a las personas que padecen insomnio y no conocen o no recuerdan ya el placer inmenso de despertarse por la mañana y saludar al día como si fuese el primero porque necesitas un momento para que tu cerebro vaya rebuscando y te vaya recordando qué día de la semana es, qué es lo primero que tienes que hacer hoy y que fue lo último qué hiciste ayer. Es la prueba patente de que tu cerebro ha estado haciendo su trabajo, limpiando, archivando, ordenando y ha quedado listo para afrontar nuevas adquisiciones y tareas.

Dormir, como comer, no es solo necesario es también placentero y en algunos casos bello

Ver dormir a un bebé, por ejemplo, es algo que siempre nos deja embelesados, su carita sonrosada adornada con una ligera sonrisa que siempre nos lleva a preguntarnos, ¿qué cosas maravillosas estará soñando? o ¿Quién no se ha quedado mirando durante minutos a su gran amor cuando está abandonado al sueño y no ha podido resistirse a dejarle un beso sobre la frente?

Pero, como en todo, los años también afectan al sueño. Siempre había oído decir que con la edad necesitas menos horas de sueño pero no lo había percibido en mí misma hasta hace muy pocos meses, concretamente hasta que me quedé sin trabajo. Tal vez porque ya no existe el desgaste de la rutina laboral fuera de casa, no me acuesto extenuada cada día, (solo cansada) con la esperanza de llegar pronto al sábado.

A pesar de no estar ansiosa por dormir reconozco que últimamente estoy durmiendo menos de lo debido lo cual me ha llevado a preguntarme qué consecuencias puede tener no dormir horas suficientes.
Éstas son las ventajas de dormir bien, las mismas que perdemos cuando perdemos el sueño………

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