Caminando la vida a los 50

No siempre se llora por lo que se deja atrás, incluso si lo que se deja ha sido placentero y hasta enriquecedor.
Quienes amamos caminar no damos nunca el camino por concluido, sabemos que durante el trayecto encontraremos dificultades, tempestades, remansos…Hemos aprendido a base de coger senderos equivocados que nunca pueden desandarse, recordamos con una sonrisa los tramos que nos hicieron felices y procuramos olvidar aquéllos que fueron amargos pero no, no añoramos regresar. Eso significaría interrumpir el aprendizaje de la vida, perderse la extraordinaria y maravillosa sensación de imaginar, mientras quemamos etapas, como será el próximo punto al que llegaremos, de anhelarlo, de soñarlo…

Incluso suponiendo que pudiésemos regresar ya no encontraríamos….

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* La Sombra del viento libro de Carlos Ruiz Zafón.